martes, 25 de febrero de 2014

Recuerdos de una noche de invierno

Martes 21 de junio de 2011


No es difícil recordarte. Sólo debo trasladar mi mente al último momento en que sentí mariposas en mi estómago. ¿Qué son esas cosas? Prefiero no buscarle explicación, porque con mi mente biológica, la respuesta se pone fisiológica y ya pierde todo el encanto.
Lo cierto es, que eres el último recuerdo que me entrega esa sensación. ¡Ni siquiera te lo imaginas! ¿Dónde andarás? ¿Estarás sufriendo? ¿Necesitarás cobijo? Eso recuerdo... lo necesitado de cariño que estabas... buscaste mi abrazo toda la noche, hasta que lo conseguiste. Yo pensé que en algún momento te aburrirías de mi indiferente coquetería, eso era lo que yo buscaba. Por terror a involucrarme, era más fácil ignorarte. Pero me dijiste que lo que cuesta obtener se valora más cuando se tiene. En ese preciso instante aparecieron las mariposas. Y por una fracción de tiempo, olvidé todos los prejuicios que la enseñanza de mi madre despechada me dejó.
Pero el beso que buscaste el resto de la noche no lo encontraste. Los muros construídos en todos esos años -fortalecidos por los últimos acontecimientos- impidieron que te entregara lo que con tanto ahínco perseguiste.
Tenemos formas diferentes. Pero en el fondo somos similares. Lo sentí. Y sé que tú también lo sentiste, por esas expresiones que hacías mientras conversábamos y comprobábamos que todo lo entregado a otros, parecía una pérdida de tiempo, comparado con lo que resultaría de nuestra unión.
Pero, ¿sabes?, yo obtuve lo que necesitaba en ese momento. Terapia, te bauticé. Y no me arrepiento de haberte utilizado para mi beneficio. Porque el miedo sigue, pero es diferente. Es un miedo lleno de adrenalina, es esa sensación de que estás a la vuelta de la esquina. No literalmente tú, claro. Eso sería demasiada fortuna.
Estoy lista.
Y sigue siendo terapéutico esto de escribir a nadie dirigiéndome a tí. Como si me fueras a leer.


martes, 18 de febrero de 2014

No vengas

17 de abril de 2010, 15:22


No vengas esta noche... suficiente tengo con tener que recibirte cada vez que se te antoja durante el día, en los momentos menos apropiados. Te lo ruego, déjame la noche, para disfrutarla en tranquilidad. Para recargar energías para el siguiente día, y tener sueños que me permitan escapar de la realidad.
No vengas, porque no eres bienvenido, no te quiero junto a mí. Créeme que si pudiera cerrarte la puerta para que no entraras en mi habitación, lo haría.
Me cansas, me quitas vitalidad... sé que al principio de todo ésto, prácticamente te llamaba, pero ya no es así. Me servías para desahogarme y quitarme la tristeza, pero tu constante presencia ha logrado el efecto contrario a éstas alturas, y trae de vuelta la angustia cuando ya he logrado espantarla.
Eres como esa caída que siempre ocurre cuando una herida ya está sanando, provocando que todo quede expuesto nuevamente y de paso, que la cicatriz sea más grande.
Ve donde seas necesitado, donde ayudes a sanar alguna herida abierta... pero por favor aprende la lección, para que en el futuro no causes a otros el daño que me provocas a mí.
No vengas estas noche.


martes, 11 de febrero de 2014

Confianza rota

7 de abril 2010, 02:29


Quisiera haber sido lo suficientemente valiente para asumir las señales que recibía. Porque estaban ahí, las ví, las sentí, pero las ignoré. Las ignoré porque alguien en quien confiaba ciegamente me enseñó que si no duraban para siempre, no era amor. Y aunque yo no tengo esa percepción del amor, el hecho que se acabara -y siguiendo esa filosofía- significaría que nunca fue amor para dicha persona. Cuando digo ciegamente, me refiero a que le podría confiar mi vida a ésta persona. su traición era para mí algo tan imposible como lo más antinatural que cada uno pueda imaginar.
No sé qué es peor... que te prometan cosas y luego no las cumplan, o creer en esas promesas. Nunca asumo que no están siendo honestos conmigo, y me gusta eso de mí. Me gusta creer. Confiar. Tengo la convicción que si basáramos nuestra cotidianidad en la confianza, éste mundo sería un lugar mucho más soportable para vivir.
El problema es cuando alguien, en quien confiaste todos tus sueños, tus secretos, tus miedos, tus teorías, tus convicciones, quiebra esa confianza. O, -de nuevo- ¿el problema fue confiar? Tal vez debemos dejarnos algo para nosotros. Guardarnos lo que nos hace únicos y mostrar lo que nos hace iguales al resto. Desconfiar. Así nadie llegará a tu ida con la basura de "eres especial" y podemos volvernos todos dispensables. Desechables.
Si... cómo quisiera que fueras desechable para mí.


martes, 4 de febrero de 2014

Declaraciones

04 de abril 2010, 22:37

No sé qué hice mal, en qué fallé. Desconozco si debo sentirme culpable por algo, dejar que me enjuicien.

Yo ví el comienzo del fin antes que todo terminara. Lo sentí pero lo ignoré, me habló y no lo escuché, me miró pero me cegué. Realmente pensé que podía vencer.
¿Acaso era inevitable? ¿Habría sido diferente si hubiera tomado otras decisiones? El tiempo es un recurso precioso, invaluable e irrecuperable como para perderlo en éstas preguntas.
Conocí aromas, entregué tiempo, hice planes, me volví adicta. Y toda adicción trae dependencia.
Por derecho ganado pido lo que me corresponde, lo que es mío. Pero ni eso me queda. Compartí sueños, porque soy una soñadora. Los sueños me los robaron... así es que ahora me mantengo despierta, porque el espíritu no me lo pueden quitar. Pero debo renovarlo... redescubrirlo, porque me dejé en el fondo de un baúl enterrado en alguna parte, e inventé una nueva versión de mí. Lo más doloroso, y que más me pesa ahora... olvidé a quienes estaban a mi lado. Y como el tiempo no perdona, ellos me olvidaron a mí. Olvidé qué me gustaba, qué música solía escuchar, lo mucho que me gustaba la lectura, y lo que era perderme en un universo enteramente mío con la sencillez de una página en blanco y un par de ideas.

Quizás terminó, pero yo no llego hasta aquí.