No vengas esta noche... suficiente tengo con tener que recibirte cada vez que se te antoja durante el día, en los momentos menos apropiados. Te lo ruego, déjame la noche, para disfrutarla en tranquilidad. Para recargar energías para el siguiente día, y tener sueños que me permitan escapar de la realidad.
No vengas, porque no eres bienvenido, no te quiero junto a mí. Créeme que si pudiera cerrarte la puerta para que no entraras en mi habitación, lo haría.
Me cansas, me quitas vitalidad... sé que al principio de todo ésto, prácticamente te llamaba, pero ya no es así. Me servías para desahogarme y quitarme la tristeza, pero tu constante presencia ha logrado el efecto contrario a éstas alturas, y trae de vuelta la angustia cuando ya he logrado espantarla.
Eres como esa caída que siempre ocurre cuando una herida ya está sanando, provocando que todo quede expuesto nuevamente y de paso, que la cicatriz sea más grande.
Ve donde seas necesitado, donde ayudes a sanar alguna herida abierta... pero por favor aprende la lección, para que en el futuro no causes a otros el daño que me provocas a mí.
No vengas estas noche.
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