(En algún momento de septiembre 2010)
Sueño despierta y dormida,
tengo sueños para compartir
para entregarlos al mundo
y hacerlo un mejor lugar para vivir.
Si un día la pereza me vence
y los sueños aparta de mí
no te olvides, no la dejes
porque pueden ser para tí.
Yo creía que otro mundo era posible
con sólo profundamente desearlo
y con el pasar de los años
me dí cuenta que debía trabajarlos.
No es fácil de entender
si con los ojos lo tratas de ver
pero te puedes dar cuenta
cuando al espíritu dejas prevalecer.
Por eso hoy aquí te digo
que si quieres ser feliz y hacer feliz
no desfallezcas, y de éstas rimas hazte aprendiz.
martes, 28 de enero de 2014
martes, 21 de enero de 2014
Shock
3 de diciembre de 2008
La desesperanza me invade...
El dolor y el terror se apoderan de todo mi ser, y me pregunto si será mi mente muy limítrofe, que no entiendo estos actos.
Llego a preguntarme algo así -aunque la respuesta sea obvia- porque quedo tan desorientada, que todo mi mundo queda sin valor, cuestionado, desvalorizado y fuera de lugar. Me siento deambulando en un mundo extraño, sombrío y penumbroso, al cual no pertenezco.
Pasan unos minutos, y luego de reflexionar, salen fuerzas dentro mío, para entender porqué estoy aquí, porqué existo.
Y entonces sigo adelante. Con dolor, pero adelante.
La desesperanza me invade...
El dolor y el terror se apoderan de todo mi ser, y me pregunto si será mi mente muy limítrofe, que no entiendo estos actos.
Llego a preguntarme algo así -aunque la respuesta sea obvia- porque quedo tan desorientada, que todo mi mundo queda sin valor, cuestionado, desvalorizado y fuera de lugar. Me siento deambulando en un mundo extraño, sombrío y penumbroso, al cual no pertenezco.
Pasan unos minutos, y luego de reflexionar, salen fuerzas dentro mío, para entender porqué estoy aquí, porqué existo.
Y entonces sigo adelante. Con dolor, pero adelante.
martes, 14 de enero de 2014
Ángeles
29 de noviembre del 2008
En un tiempo tan corto alguien te puede llenar el corazón.
Esas son las personas que vale la pena conocer, te entregan tanto sin proponérselo.
Tal vez sea por eso que duela tanto cuando se van.
Por suerte ... no se irán de mí.
Para Ian, Benja y Franchesca.
sábado, 11 de enero de 2014
Memorias de prima
Recuerdo tu mano enlazada con la mía, apretada, entendiendo que ésta relación sería para siempre. Y es que fuimos las primeras nietas del clan Bustos. Eso siempre nos conectará: cuando tú naciste, yo estaba comenzando a existir.
Recuerdo nuestros juegos con los tarros de leche nido. Esos grandotes. Eran nuestra batería, nuestros zancos, nuestra escalera. Pasábamos el día jugando con ellos! No necesitábamos ni de juguetes ostentosos ni aparatos tecnológicos para divertirnos.
No recuerdo la anécdota del lobo, pero mi madre siempre la cuenta, y no puedo omitirla: cuando yo vivía en Santiago y nos visitaste con tu familia, en la noche mi papá roncaba, y en la oscuridad tú despertaste, y le decías a tu mamá "mamá, anda el lobo". Linda.
Recuerdo mis llantos cuando no te dejaban ir a jugar, por estar castigada (quizás qué travesura habías cometido). Pero después de los ruegos de mi abuela y mis pucheros, al final te dejaban. Venías y pasábamos las mejores tardes. Yo quería jugar con las muñecas, pero pronto te aburrías de esos juegos y querías ir a saltar un cerco, subirte a un árbol o jugar a la pelota. Entre mi sedentarismo y mis vestidos, no te acompañaba. Pero te miraba. Y te admiraba. Te encontraba tan valiente!
Recuerdo cuando fuimos a comprar la mayonesa, y ese niño pasó corriendo por mi lado y me la robó. Mientras yo ponía cara de damisela en apuros, tú saliste corriendo tras él. Tuve tanto miedo. Pero tú no, partiste no más, sin pensarlo. Y estoy segura que le diste sus buenos cachuchazos por el susto que me dio.
Recuerdo esos años de lejanía, en lo que supuestamente te habías ido de tu casa, por rebeldía. Yo sabía que no era así mi Chinchita, pero me guardé mi comentarios. Pensaba en tí, dónde estarías, y si habría alguien a tu lado para entregarte cariño. Espero que haya sido así.
Cuando ya volviste a nuestras vidas, no te puedo explicar la alegría que sentí. La familia unida de nuevo. Y con sus altos y bajos desde entonces, aún estás aquí. Deseo que eso no cambie. Y puedo asegurar que no lo hará. Ya hemos pasado tantas cosas, qué nos podría derrumbar? Este amor de primas aguanta lo que sea.
Feliz cumpleaños :)
viernes, 10 de enero de 2014
Sin consuelo
Hoy desperté con esa sensación de corregirme al sentir alegría, porque se supone que estés con pena. Culpable de sonreír, porque en alguna parte estás tú, sufriendo, queriendo morir.
Recuerdo cuando yo quería morir. Cuando planifiqué distintas maneras, sin mencionarlo a nadie, por que en realidad, no quería ayuda. Sólo esperaba el momento en que me llegara esa ráfaga de valentía para poder concretar alguno de mis planes. Se me contrae el pecho de imaginarte haciendo lo mismo. Y se me paraliza el cuerpo entero en tratar de dimensionar tu dolor. Si en mis horas más oscuras, ese sentir era agotadoramente insoportable, no puedo ni comenzar a vislumbrar lo que debe ser perder a tu único hijo. Y entonces también me siento culpable sufriendo por tu dolor, porque no es propio.
No sé cómo ayudarte. Es más; no sé si existe ayuda posible. La frase cliché de "el tiempo cura todo" no aplica aquí, porque algo me dice que ni siquiera el tiempo ayudará en este caso. Siempre dolerá. Y cada vez que lo recuerdes la intensidad será la misma. Y cada día querrás ir junto a él, porque tienes la fé de que podrás abrazarlo. La diferencia será que a medida que pase el tiempo, encontrarás más motivos para quedarte.
Al menos quisiera que me dejaras acompañarte, y ser torpemente acojedora para consolarte. Pero qué sé yo de tu dolor como para recriminarte que me alejes, que alejes a todos? No puedo sino entender que quieras cerrar todas las puertas y ventanas, y enrollarte y encojerte y quedarte ahí, esperando poder ser consciente de que este infinito momento pronto se sienta como un fragmento de segundo en el universo tiempo.
jueves, 9 de enero de 2014
Bendita mañana
(En algún momento de octubre del 2010)
Al mirarse a los ojos comprendían exactamente lo que el otro sentía. Una caricia era la perfecta compañía, y juntos, de la mano caminaron por la arena, ella descalza. El viento era su cómplice y aparecía justo cuando un abrazo quería nacer. Contemplaron el mar y se dejaron conquistar por su sonido. El momento perfecto para un beso; suave, tierno, cálido. No hacían falta palabras, pues quien presenciaba todo ésto no necesitaba escuchar nada para saber que amor como éste nunca antes existió. Él la contemplaba y ella le respondía con una sonrisa. Nada más importaba.Caminaron a lo que parecía ser su hogar, una humilde morada, hecha de madera, con la indumentaria justa y necesaria para que dos almas hechas la una para la otra pudieran convivir. Ninguna ostentación adornaba el lugar, a excepción, claro, del amor que en ellos habitaba.
Al mirarse a los ojos comprendían exactamente lo que el otro sentía. Una caricia era la perfecta compañía, y juntos, de la mano caminaron por la arena, ella descalza. El viento era su cómplice y aparecía justo cuando un abrazo quería nacer. Contemplaron el mar y se dejaron conquistar por su sonido. El momento perfecto para un beso; suave, tierno, cálido. No hacían falta palabras, pues quien presenciaba todo ésto no necesitaba escuchar nada para saber que amor como éste nunca antes existió. Él la contemplaba y ella le respondía con una sonrisa. Nada más importaba.Caminaron a lo que parecía ser su hogar, una humilde morada, hecha de madera, con la indumentaria justa y necesaria para que dos almas hechas la una para la otra pudieran convivir. Ninguna ostentación adornaba el lugar, a excepción, claro, del amor que en ellos habitaba.
miércoles, 8 de enero de 2014
Arriesgando
Cuando niña era fácil soñar. Pero aún siendo fácil, siempre
lo que quería ser de grande respondía a profesiones tradicionales: profesora,
médico, carabinera. Lo más osado que quise por un año, fue ser astrónoma. Y es
que nunca tuve mucho talento para la parte artística. O quizás nunca se me
fomentó en mi ambiente familiar. Porque recuerdo que un año quería mucho un
teclado para navidad, y otro año una guitarra. Esos regalos me llegaron, pero
se perdieron en el polvo del olvido, porque nadie en mi familia tenía algún
talento musical, por lo que no tenía alguien que me enseñara. Tampoco teníamos
dinero como para pagarme clases particulares, así que hasta ahí llegó.
Después recuerdo que en 7º básico llegó una profesora de
artes visuales que me fomentó mucho la pintura, y hasta el día de hoy, al
recordar lo que pintaba, me asombro de mí misma. Ese talento se truncó cuando
mi madre, en un arranque de orgullo y chochera, mostró mis obras a sus amigas.
Yo, en plena edad del pavo, hice todo un drama del asunto, rompiendo todas mis
obras y abandonando para siempre –hasta ahora- los pinceles.
Una vez leí que Pablo Picasso decía algo así como que todos
los niños nacen siendo artistas. Yo creo que es cierto. Artistas y soñadores.
El dilema viene al crecer, que se abandonan esos sueños. Debe ser por el
miedo que los adultos le imponemos a los niños, en la familia y también en el
sistema educacional que recibimos. Porque cuando ya dejamos de ser niños, hasta
la pregunta cambia. Ya no es “qué quieres ser?”. Ahora es “qué quieres
estudiar?”. Por supuesto las respuestas deben ajustarse a ser lo más
“realistas” posibles: odontóloga, abogada, médico, ingeniero. Y entonces
resulta que lo que nos gusta nunca coincide con lo que nos permite vivir (o
sobrevivir?). Eso que nos apasiona, lo que nos hace olvidar los problemas
cuando lo hacemos, y nos entrega los mejores momentos, pasa a ser nuestro
hobby. Y sin cuestionarnos nada, aceptamos esta realidad. Ahogamos nuestros
sueños, por tener cierta estabilidad económica, familiar y social. Digo
“cierta” porque creo que todos sabemos que aún haciendo todo lo que se supone
correcto, el futuro no está asegurado.
Yo también caí redondita en esa trampa. Creí que mi vida
estaría toda asegurada sacando una carrera universitaria que me dejara ingresos
seguros. Lo suficiente para postular a un crédito hipotecario, endeudarme 20
años pagando una casa y algunos días de vacaciones al año. Días que se cuentan
con los dedos de las manos, pero que debemos agradecer, porque justifican el
esfuerzo y estrés de todo un año de trabajo.
Vale la pena vivir una realidad “a medias”? No es eso lo que sucede cuando se
hace lo que se debe, lo que se supone políticamente correcto y socialmente
aceptado que uno tiene que hacer?
Cuando tomé la decisión de jugármela por mis sueños,
inevitablemente llega la pregunta “y de qué vas a vivir?”, refiriéndose a los
ingresos económicos. Si, ya no tendré ese sueldo fijo y seguro mensualmente.
Pero en los últimos 4 años que lo he tenido, no me he sentido precisamente
realizada, feliz. Todo lo contrario. Y eso es lo que le cuesta comprender a las
personas: el dinero no hace la felicidad. Todos lo saben en teoría, y siempre
dicen esa frase como creyéndose poseedores de toda verdad y sabiduría. Y luego,
alguien para justificar ese estilo de vida, le agregó “pero ayuda a
conseguirla”.
Yo no quiero enterrar mis sueños por el miedo a la
inseguridad de lo que vendrá ni del qué dirán. Ya abracé la idea de que puedo
equivocarme, pero sin el riesgo, nunca saldrá nada creativo. Porque la duda
sobre lo que podría haber sido me hubiera perseguido eternamente en esta y
otras vidas, hasta entenderlo.
Cada vez es más frecuente encontrar videos, imágenes u
escritos circulando por internet que motivan a seguir los sueños. Y las miramos
un rato, transportándonos a una realidad alternativa, luego sonreímos
nostálgicos y de eso pasamos a la resignación. Volvemos a escribir números y
letras que calzan con nuestra rutina… Cobardía! Nos enraizamos en la
aseveración de que el esfuerzo y tolerancia del presente, habrá valido la pena
en el futuro. Pero, ¿y si ese futuro no llega nunca? Que no es el presente la
realización inmediata de ese futuro?
Nadie dice que sea fácil. Pero para mí la rutina tampoco lo
es. Sólo es más segura.
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