(En algún momento de octubre del 2010)
Al mirarse a los ojos comprendían exactamente lo que el otro sentía. Una caricia era la perfecta compañía, y juntos, de la mano caminaron por la arena, ella descalza. El viento era su cómplice y aparecía justo cuando un abrazo quería nacer. Contemplaron el mar y se dejaron conquistar por su sonido. El momento perfecto para un beso; suave, tierno, cálido. No hacían falta palabras, pues quien presenciaba todo ésto no necesitaba escuchar nada para saber que amor como éste nunca antes existió. Él la contemplaba y ella le respondía con una sonrisa. Nada más importaba.Caminaron a lo que parecía ser su hogar, una humilde morada, hecha de madera, con la indumentaria justa y necesaria para que dos almas hechas la una para la otra pudieran convivir. Ninguna ostentación adornaba el lugar, a excepción, claro, del amor que en ellos habitaba.
Al mirarse a los ojos comprendían exactamente lo que el otro sentía. Una caricia era la perfecta compañía, y juntos, de la mano caminaron por la arena, ella descalza. El viento era su cómplice y aparecía justo cuando un abrazo quería nacer. Contemplaron el mar y se dejaron conquistar por su sonido. El momento perfecto para un beso; suave, tierno, cálido. No hacían falta palabras, pues quien presenciaba todo ésto no necesitaba escuchar nada para saber que amor como éste nunca antes existió. Él la contemplaba y ella le respondía con una sonrisa. Nada más importaba.Caminaron a lo que parecía ser su hogar, una humilde morada, hecha de madera, con la indumentaria justa y necesaria para que dos almas hechas la una para la otra pudieran convivir. Ninguna ostentación adornaba el lugar, a excepción, claro, del amor que en ellos habitaba.
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