Hoy desperté con esa sensación de corregirme al sentir alegría, porque se supone que estés con pena. Culpable de sonreír, porque en alguna parte estás tú, sufriendo, queriendo morir.
Recuerdo cuando yo quería morir. Cuando planifiqué distintas maneras, sin mencionarlo a nadie, por que en realidad, no quería ayuda. Sólo esperaba el momento en que me llegara esa ráfaga de valentía para poder concretar alguno de mis planes. Se me contrae el pecho de imaginarte haciendo lo mismo. Y se me paraliza el cuerpo entero en tratar de dimensionar tu dolor. Si en mis horas más oscuras, ese sentir era agotadoramente insoportable, no puedo ni comenzar a vislumbrar lo que debe ser perder a tu único hijo. Y entonces también me siento culpable sufriendo por tu dolor, porque no es propio.
No sé cómo ayudarte. Es más; no sé si existe ayuda posible. La frase cliché de "el tiempo cura todo" no aplica aquí, porque algo me dice que ni siquiera el tiempo ayudará en este caso. Siempre dolerá. Y cada vez que lo recuerdes la intensidad será la misma. Y cada día querrás ir junto a él, porque tienes la fé de que podrás abrazarlo. La diferencia será que a medida que pase el tiempo, encontrarás más motivos para quedarte.
Al menos quisiera que me dejaras acompañarte, y ser torpemente acojedora para consolarte. Pero qué sé yo de tu dolor como para recriminarte que me alejes, que alejes a todos? No puedo sino entender que quieras cerrar todas las puertas y ventanas, y enrollarte y encojerte y quedarte ahí, esperando poder ser consciente de que este infinito momento pronto se sienta como un fragmento de segundo en el universo tiempo.
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